domingo, marzo 23, 2008

Berenice De Judea

Berenice de Judea nació el año 18 después de cristo; era hija de Agripa, rey de Siria. Casó con Mario, cuestor de las legiones romanas en Palestina, a quien asesinó; se amancebó con su tío Herodes de Calcis, a quien también ordenó envenenar; vivió incestuosamente con su hermano Agripa II, último rey judío de Jerusalén, y fue amante en Judea del futuro emperador Flavio Vespasiano “Tito”. Al perder el trono Agripa, Berenice pasó a Italia con su hermano y allí terminó sus días.

Recreemos la historia poniéndonos en la piel de su protagonista.

Mi nombre es Berenice. De la infancia de mi Judea natal tengo pocos recuerdos: una mujer me mece entre sus brazos, libo de sus pezones tibia leche a la sombra de un toldo amarillento mecido por la brisa, siento el olor dulzón de los efluvios lácteos mezclado al acre del sudor de su cuerpo. Escucho la recia voz de un hombre que imparte órdenes….

Supe muy pronto que todo era irreal, circunstancial y efímero, que las hembras sólo son respetadas en la cuna. Aprendí de mi madre en la niñez que la mujer únicamente medra por la astucia y gracias a su cuerpo. También aprendí las técnicas del embellecimiento, sus trucos, sus engaños y secretos y los rudimentos de la danza.

Con 13 años ya era una verdadera mujer. Me encapriché de un soldado de palacio que me miraba con ojos deseosos. Nos cruzamos en el patio, nos miramos y aquella misma noche nos amamos. Fue un amor que sólo duró quince días. Ya a la tercera vez odiaba su gesto displicente y su suficiencia que tanto detesto en los hombres. Aunque si mandé matarlo no fue por presunción sino por torpe: en doce o trece encuentros fue incapaz de darme placer.

Cuando cumplí quince años mi padre ajustó mi boda con Mario Leandro para congraciarse con Roma. No me gustaba Mario. Se pasaba el día bebiendo y era torpe. Decidí suprimirlo porque también se aliviaba con cualquier barragana. De inmediato me hice amante de su hermano Julio (mi cuñado) hasta que, llamado por Tiberio, partió a Italia.

Por aquél tiempo mi tío Herodes Antipas, tras desterrar a su hermano, se amancebó con su cuñada Herodías. Herodías era una mujer como para desquiciar a cualquier hombre.

Una noche estábamos cenando estrictamente en familia: Herodías, y Herodes, Herodes de Calcis y su mujer Rebecca, Salomé y yo. Noté como mi tío Herodes de Calcis me miraba insistentemente. Creo que esa noche se enamoró de mí. En la madrugada pasó a visitarme y me amó de una manera muy dulce, con un arte de experto, conquistándome. Los 15 años que pasé amancebada con él fueron muy plácidos.

Tras repudiar a Rebecca, su mujer legítima, me instaló en su palacio de Jerusalén. Era un hombre mayor, maniático como todos los viejos pero inmensamente rico. El menor de sus hijos podría haber sido mi padre. Me adoraba. Me cubrió de oro y gemas, de las mejores sedas y el mejor lino. Me visitaba cada noche pero yo sólo me dejaba tocar de tarde en tarde. Desde que salía por la puerta entraban mis dos amantes, apuestos mancebos de la XV Legión, que me daban placer por turnos…. Al final Herodes se puso impertinente recelando del trasiego tras mi puerta. Puesta en el trance de acabar con él elegí la cicuta como tóxico. Murió sin darse cuenta.

Por entonces ya se fijaba en mí mi propio hermano, el rey Agripa II.

Mi vida al lado de Agripa fue también apacible. Ni siquiera repudió a su mujer, una pazguata que se entendía con un antiguo amante. Mi cuñada y yo nos llevábamos bien incluso bajo las sábanas. Con mi hermano no tenía secretos. El conocía mi cuerpo y yo adoraba el suyo. Lo traicioné muy raras veces pues me colmaba hasta dejarme ahíta. Sólo cuando llegó a Judea Flavio Vespasiano, el futuro emperador “tito”, dejó de interesarme.

Mis padres eligieron para mí el nombre de Berenice deseándome la belleza de aquellas reinas lágidas. No tengo queja: soy hermosa. Sin cumplir los 40 cautivé a Flavio Vespasiano, futuro emperador, que contaba sólo 28.

Es hoy, pasados los 60 y únicamente duermo sola por mi gusto. Sin embargo no tengo hijos. No me duele decir que soy estéril aunque ello sea un duro estigma para los de mi raza.

Los hombres han pasado por vida como un soplo de viento. Los he tenido, los he amado y cuando ha sido necesario los he eliminado.

(Cabanillas de Blas)


2 Comments:

Maya said...

¡Muy interesante blog!
Me pasaré más a menudo.
¡Saludos!

Maya

Pedro said...

Sigo visitando y me sigue gustando.
Muy intersante.

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