viernes, abril 13, 2012

Los Siete Niños De Écija


"Los Siete Niños de Écija" - Imagen de aquí

Por los alcores del Viso,
Siete bandoleros bajan.
Siete caballos caretos,
Siete retacos de plata
Siete chupas de caireles,
Siete mantas jerezanas,
Siete pensamientos puestos
En siete locuras blancas:
Tragabuches, Juan Repiso,
Satanás y Mala Facha,
José Cándido y El Cencerro
Y el capitán Luis de Vargas,
De aquellos más naturales
De la vega de Granada.
Siete caballos caretos
Los Siete Niños llevaban.

El poeta Fernando Villalón, en su “Diligencia de Carmona”, imaginó así a los Siete Niños de Écija, una partida de bandidos (Ojitos, El Fraile, El Cojo, El Becerra, El Portugués, Minos y Escalera), que durante los años de la Guerra de la Independencia y cuando ya las tropas de Napoleón habían abandonado las tierras de Despeñaperros  para abajo, comenzó a organizarse en los alrededores de Écija, y cuyos componentes se hicieron famosos por sus atrocidades, que aterrorizaron a buena parte de Andalucía.

Lo que se sabe a ciencia cierta de la famosa partida es que ni estuvo compuesta por siete bandidos, ni todos, desde luego, eran de Écija. La cuadrilla estaba formada por un número superior de bandoleros, que en unos momentos, además, aumentaba, y en otros disminuía.

Écija - Civitatates Orbis Terrarun vol. I, lám. 5 - depingebat Georgius Hoefnagle – 1567 – Diputación de Valladolid


Según parece, el origen del grupo está en el año 1808, cuando muchos hombres se echaron al monte. No pocos guerrilleros actuaron como auténticos bandoleros y no solo a los ojos de los hombres de Napoleón, de tal manera que nada tuvo de extraño que al terminar la contienda muchos de los componentes de las viejas guerrillas se agruparan en verdaderas cuadrillas de salteadores de caminos. Por supuesto que algunos de los “Niños” se hicieron bandoleros después de haber sido guerrilleros e incluso soldados regulares, como es el caso de su primer jefe Padilla, que además era de origen americano.
Como salteadores de caminos y bandoleros, los de Écija empezaron a actuar en 1812, justo cuando las tropas francesas acababan de dejar Andalucía. Hay constancia de que en septiembre de ese mismo año, ya en dicha localidad se organizó un cuerpo armado, compuesto por veinte escopeteros a pie y cuarenta a caballo, para perseguirlos.

Las hazañas de los Siete Niños de Écija han atraído desde siempre la atención popular, siendo varios los escritores que les dedicaron algunas de sus obras, aunque desde luego, con historias casi totalmente inventadas.
El periodo de actividad de los Siete Niños de Écija se extiende desde 1812  a 1818, y su campo de actuación se sitúa fundamentalmente en la carretera general de Andalucía, entre Córdoba y Sevilla. En cualquier caso, desde su refugio preferentemente en sierra Morena, se movían sin cesar de Osuna a Lora y de Écija a Carmona, sorprendiendo a todos con su rapidez de movimientos y con las atrocidades cometidas.

Lámina de Diligencia en Andalucía

Su fama comenzó con el desvalijamiento de un comboy en el término de La Carlota que costó la vida a varios migueletes. A partir de entonces, los robos en las ventas y los asaltos a las diligencias fueron constantes. La dureza que empleaban con los viajeros adquirió a veces carácter de extrema crueldad, no siéndolo menos los procedimientos para evitar las pesquisas de quienes les perseguían.

Sin la menor piedad apaleaban a pastores, campesinos y leñadores, amenazándolos de muerte en caso de que dieran la menor pista de sus pasos. Pese a las medidas adoptadas por las autoridades, los Siete Niños de Écija continuaron siendo dueños de vidas y haciendas en gran parte de las provincias de Córdoba y Sevilla.

Escena de asalto en un barranco

Entre todos los componentes de la partida que la tradición popular ha mantenido vivos en el recuerdo, sólo se han dado detalles acerca de la vida y los motivos que le movieron a unirse al grupo de uno de ellos. Era gitano y torero, y se llamaba José Ulloa y fue conocido por el apodo de Tragabuches.  
(Tragabuches)

Las razones que llevaron a Tragabuches al bandidaje parece que fueron una mezcla de motivaciones taurinas y de celos, que termina con la muerte de su amante “La Nena”, y de su amante Pepe el Listillo, sorprendidos infraganti. La incorporación de Tragabuches a la partida de los de Écija no tardó en producirse después de este suceso, y tal como varios autores coinciden en señalar, pronto se distinguió por ser el más sanguinario de todo, llegando a decir de él Juan Antonio Gutiérrez “El Cojo”, que” había matado hombres bastantes para llenar un cementerio”.  Por su parte, José Escalera, que sería posteriormente ejecutado en Sevilla en 1817, refirió aventuras y atrocidades del bandido que aterrorizaron a los mismos jueces.

La famosa partida fue conocida con anterioridad con el nombre de “Ladrones Ecijanos” o “Ladrones de Écija”, y más tarde como la “Cuadrilla del Padilla”. Finalmente, hacia 1816 recibió su nombre definitivo, posiblemente el apelativo cariñoso dado por el pueblo, de la misma manera que años más tarde a los ladrones de Estepa le llamarían “Los Muchachos”.
La única referencia oficial que queda de la partida, con la descripción de sus miembros, y de su actuación con un robo entre Marchena y Écija, data de agosto de 1814, cuando todavía era conocida como “la Cuadrilla del Padilla”. La descripción de sus miembros por parte de los distintos testigos que declararon en el proceso abierto es la siguiente:

( Grabado Aguafuerte Siglo XIX. Bandolero de la Escuela Sevillana)

“Uno, su edad como de cuarenta años, cuerpo regular, moreno, pelo largo propio, chaqueta y calzón azul, rehecho con una yegua castaña.
Otro, de la misma edad, su estatura de dos varas, cuerpo recio, nariz pulida, color moreno, calzones y chaqueta de barbotina azul, en una yegua castaña.
Otro, mediano de cuerpo, delgado, como de veinte y cinco a treinta años su edad, color trigueño, pelo largo, chaqueta azul y calzones negros de pana, con una yegua torda.
Otro como de veinte y cuatro años, la nariz larga, los ojos hundidos, vestido entero de pana azul, de estatura regular, con yegua castaña.
Y el otro, más de dos varas de cuerpo, edad treinta años, rubio, pelo propio, patillas regulares, vestido también de pana azul, casi alegre, con labios gruesos, en una yegua castaña parvesa.
Todos cinco con sombreros redondos portugueses, botines de cordobán, dos escopetas cada uno, canana y cuchillo, muchos botones de plata en los calzones y chaqueta, todas las caballerías con sus aparejos redondos, caída de la jáquimas correspondientes al aparejo”.

Un año después de formalizar el proceso, entra en escena propiamente la partida de los Niños, que sembró el terror en los pueblos de Écija, Osuna, Carmona, Marchena, Fuentes de Andalucía y Lora del Río. Es a partir de entonces cuando comienzan a divulgarse los nombres de los miembros de la cuadrilla: Pablo Aroca “Ojitos”, Diego  Meléndez, Juan Antonio Gutiérrez “El Cojo”, Francisco Narejo “Becerra”, José Martínez “El Portugués” y “El Fraile”. Nombres que fueron divulgados por la Audiencia de Sevilla al ser expuesta la sentencia en que se les condenaba, en el que se decía que nos nombres aludidos “y a las demás personas de que se compone la cuadrilla llamada de los “Niños de Écija” eran declarados rebeldes, contumaces y bandidos públicos”.

(Grabado de Osuna, original de Lasun Braun Hogemberg)

La sentencia señalaba, además, que cualquier persona de cualquier estado y condición podía libremente “ofenderlos, matarlos y prenderlos, sin incurrir en pena alguna”, y entregarlos vivos o muertos ante los jueces del distrito donde hubieran sido presos o muertos.  Se mandaba que una vez pudieran “ser habidos sin más oírles” fueran arrastrados, ahorcados y descuartizados, dejando tras ellos sus cuerpos por los caminos, salvo en el caso de que se presentaran voluntariamente. Si quienes les prendiera, matara o presentase a alguno de ellos fuese bandido, se le eximiría de las penas en que hubiera podido incurrir “excepto el crimen de la herejía, de Lesa Majestad y moneda falsa”.

(Litografía de un Bandolero - Siglo XIX)

Tras la publicación de la sentencia por parte del gobernador y los alcaldes del crimen de la Audiencia, el cerco a los Niños por parte de las autoridades se fue estrechando cada vez más, con un mayor despliegue de tropas y escopeteros. La partida se fue reduciendo, y en mayo de 1918, en sierra Morena, donde con la muerte de Ojitos y, posteriormente, la ejecución de los restantes, finalizaba la aventura de los “Siete Niños de Écija”.

Fuente de datos:
*”Los Olvidados de la Historia – Rebeldes” –(Ricardo García Cáceres, Javier Pérez, Enrique Soria, Manuel Moreno, Jaime Tortella)

7 Comments:

Francisco Doña said...

Aunque los he oído nombrar desde que tengo memoria, hasta ahora no sabía de estos bandoleros otra cosa que el dicho popular, "que ni eran siete, ni eran de Écija". Gracias por ilustrarme Babbilonia.
Un cordial saludo.

Mari-Pi-R said...

Estupenda entrada llena de historia e intriga.
Los bandoleros siguen existiendo ya que continuamos siendo victimas del robo.
Abrazos y me alegro de leerte de nuevo

Carolina said...

Hola Babbilonia, muy interesante historia, adornada con leyenda, le da un encanto extra a la aventurera historia que desconocia en absoluto.
Un abrazo.

Nelson Souzza said...

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desdelaterraza-viajaralahistoria said...

Qué terrible y peligrosos eran los caminos españoles durante el siglo XIX y aún en buena parte del XX. En tan grandes peligros estuvo la creación del la Guardia Civil. Me sonaba el nombre del grupo de los siete de Ecija, pero no conocía ningún detalle. Gracias por traerlo aquí hoy.
Un saludo.

Nelson Souzza said...

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Literarura&Linguagens

Miguel de la Torre Padilla said...

Te felicito por tu leccion de historia, desde Jaen un saludo y feliz semana

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