lunes, febrero 02, 2009

Vikingos, Algo Más Que Bárbaros Navegantes

(Esta pintura muestra a los guerreros vikingos aproximadamente en el año 1100)


Puede que la palabra “vikingo” proceda del término “vik”, que significa ensenada o fiordo, o también de “vicus”, (mercado), aunque tan solo debería aplicarse a las bandas de piratas que asolaron las costas europeas entre los siglos VIII y XI.

Numerosas crónicas de este periodo detallan la gran catástrofe y el enorme impacto que su irrupción hizo en Europa, sembrando el espanto y la muerte en aquellas poblaciones que arrasaban. Atacaron ciudades, iglesias y monasterios, dejando a su paso la desolación y llevándose consigo cuantas riquezas encontraban en su camino.


Los vikingos eran originarios de Escandinavia, unidad formada por Noruega, Suecia y Dinamarca, lugares con gran distanciamiento físico entre sí, y con un muy diferente entorno físico, pero que formaban una unidad coherente frente al resto de Europa, seguramente debido a que hablaban la misma lengua, tenían una misma cultura y unas mismas tradiciones.

Las duras condiciones del entorno y forma de vida, hicieron de ellos una raza fiera y belicosa, pero a pesar de eso eran solidarios entre ellos, leales y se unificaban con tesón ante elementos adversos.


El periodo vikingo comienza en el año 793, cuando una expedición vikinga asalta y saquea el monasterio de Lindisfarne, en Northumbria, al norte de Inglaterra, atacando reiteradamente dos años más tarde, Irlanda y Escocia.

De nada sirvieron las pretensiones del arzobispo Ebo de Reimns al trasladarse a Dinamarca con objeto de evangelizar a sus habitantes. Los vikingos continúan su andadura y arrasan Aquitania. Poco después alcanzan las costas de Galicia y llegan a París y a Sevilla, ciudad a la que saquean, pasando después a Bizancio, en el año 844.

En el año 980 llegaron a Groenlandia, y en el 1000 desembarcaron en Terranova.


Navegantes intrépidos, el elemento esencial para este pueblo era los barcos, que aunque de distintas maneras, eran todos muy similares entre sí, variando tan sólo las medidas. Los barcos de guerra se clasificaban según el número de remos, dependiendo el nombre que se daba a la nave del número de remos que llevaba.


Siendo realistas y analizando la Europa de aquél tiempo, se llega a la conclusión de que los viquingos no eran mejores ni peores que cualquier otro pueblo europeo, aunque eso sí, formaban un mundo aparte forjado por tradiciones y una forma de vida distinta.

Se dedicaban no solamente a la piratería, sino que tanto la pesca, la agricultura y la cría de ganado era la base principal de su economía. Igualmente el comercio tenía una gran importancia. Antes de comenzar el periodo vikingo existían ya en Escandinavia activos mercados en los que se comerciaba tanto con productos locales como mercancías exóticas de lejanas tierras, lo que apunta a largas tradiciones comerciales y a contactos internacionales más complejos de lo que en principio pueda imaginarse.


El fantástico desarrollo de la navegación en Escandinavia supuso también un crecimiento explosivo del comercio del norte de Europa, con el perfeccionamiento de variantes del clásico navío de guerra vikingo en modelos adaptados al transporte de pasajeros y mercancías, que posibilitaron la colonización de las islas Feroe, Islandia y Groenlandia.

(Representación Vikinga del siglo IX)

No llega a ser cierto que durante el periodo vikingo el estado de guerra entre éstos y occidente fuera permanente. Durante la época floreció el comercio internacional produciéndose frecuentes intercambios entre una y otra dirección. Mercaderes europeos visitaban Escandinavia llevando armas, joyas, tejidos y especias, trayéndose a cambio miel, pieles, cera y esclavos.

Esto hace llevar a la conclusión de que realmente los vikingos no eran tan violentos ni tan piratas, aunque obviamente sentían una gran inclinación al lujo y a las riquezas, por lo que para conseguirlas recurrían a la violencia, pero también es cierto que preferían negociar el pago de una compensación económica por su retirada en lugar de asaltar y saquear ciudades.


Se entiende que la a presencia de los vikingos fue determinante para la historia de los países con los que de una u otra forma entraron en contacto, actuando como nexo transmisor entre los distintos pueblos de Europa, tanto en la cultura como en las aperturas de nuevas rutas comerciales, y dando impulso a la navegación y a los descubrimientos geográficos.


En el año 1066, la muerte del noruego Harald Hardrade, en su intento por hacerse con el trono inglés, marca el fin de la era vikinga.


Fuente: La Historia de los vikingos en España – Eduardo Morales Moreno – Miraguano Edicciones.

domingo, enero 28, 2007

La Belleza En El Antiguo Egipto

Según los descubrimientos arqueológicos realizados de instrumentos, recipientes y ungüentarios para maquillajes perfumes y cremas, y las recetas de bellezas en diversos papiros médicos, se ha llegado a la conclusión de la creencia entre los antiguos ejipcios de un vínculo entre cosmética, belleza y salud.


Puesto que el clima en Egipto es muy caluroso y seco, el trato de la piel era muy importante y el baño, al que se procedía varias veces al día, era una actividad fundamental. El pueblo se bañaba en el Nilo o en los canales, usando el barro para eliminar la suciedad; quienes contaban más recursos disponían de una especie de baño donde eran atendidos por los sirvientes. Para lavarse utilizaban una especie de jabón compuesto de natrón (un tipo de sal), grasa y cenizas, mientras que para la higiene bucal procedían a enjuagues con agua con natrón.
Una vez que el cuerpo estaba limpio de suciedad se aplicaban cremas para mantener una piel perfecta, compuesta por polvo de alabastro, natrón, sal marina y miel. También se usaban lo que hoy serían cremas antiarrugas de aplicación diaria, hechas de incienso, cera, aceite de moringa y junco. Para evitar la sequedad de la piel y protegerla del viento disponían de cremas oleosas obtenidas a partir de grasas animales, (ganso o buey), o de aceites vegetales (sésamo, ricino, linaza, o almendra), a la que se añadían
esencias de diversa calidad. La esencia dependía del poder adquisitivo del usuario, pero sin duda estas cremas eran usadas por la mayoría de la población.
El vello superfluo se eliminaba como medida de higiene y para prevenir la aparición de parásitos, usando para ello cuchillas de sílex, que posteriormente fueron de hierro, pinzas de depilar y también cremas hechas a base de huesos de pájaro hervidos y triturados, excrementos de mosca, jugo de sicomoro, goma y pepino. Esta amalgama la calentaban y posteriormente la aplicaban, al igual que hoy hacemos con la cera depilatoria.
Los egipcios también combatían el mal olor corporal, recurriendo a mezclas tan peculiares como huevo de avestruz, escamas de tortuga y resina, así como harina de avena perfumada con resina de terebinto.


El perfume

Los antiguos egipcios fabricaban perfumes con bases hechas de grasa animal y aceite vegetal, y con plantas, flores, resinas o maderas (enebro, loto, lirio, incienso, mirra, junco, canela, menta…) cuya esencia extraían macerándolas o exprimiéndolas con paños de lino. Aparte de los perfumes utilizados en ceremonias religiosas, que eran procesados en los laboratorios situados en los templos, abundaban los perfumes consumidos por los sectores más pudientes de la población y que solían recibir el nombre de la flor o planta de la cual se obtenía la esencia.

El cuidado de los ojos

Si hay algo que distingue a los egipcios es la forma en que al maquillar sus ojos realzaban su tamaño y belleza. Al hacerlo no sólo los embellecían sino que los protegían de la excesiva luz solar y las ventiscas de arena. El maquillaje actuaba además de repelente contra moscas e insectos y era un desinfectante de las dolencias oculares. Había dos tipos de maquillaje para los ojos, uno obtenido a través de la malaquita verde procedente del Sinaí y otro procedente de la galena de la costa del Mar Muerto (negro).


Pintarse los ojos de negro, dibujando al tiempo los ojos del dios Horus, otorgaba protección, de la misma forma que la recibían de Hathor los que usaban el color verde. Una vez molido el mineral se le añadía agua, grasa o goma para conseguir una mezcla adherente y se guardaba en los envases más variados. Son muchos los tocadores, ungüentarios y frascos de tamaños, formas y materiales diversos que han llegado hasta nosotros. En el caso del kohl, al que tenía acceso la mayoría de la población, lo más corriente era un recipiente de forma estilizada que adjuntaba un aplicador. El uso del maquillaje también se extendía al resto del rostro. El ocre rojo mezclado con agua y aplicado con el dedo o con una especie de pincel servía para resaltar los labios y dar color a las mejillas. Tampoco se descuidaba el cuidado de las manos y los pies, que se completaba dando a las uñas una capa de color blanco brillante.

La cosmética había surgido como una necesidad, llegaría al refinamiento debido a que el concepto de la belleza en Egipto, vinculado a la perfección y la eternidad, hizo que los egipcios quisieran, a través de su cuidado personal, alcanzar un estado que garantizase, como lo hacía la vida del Más Allá, que su cuerpo permaneciese inmutable en su vida.






La Infancia En El Antiguo Egipto


En Egipto el nacimiento de los hijos era un acontecimiento muy deseado y un motivo de gran alegría. Los hijos no sólo representaban la culminación del amor conyugal y un apoyo para la vejez, sino que su llegaba aseguraba a sus progenitores más manos en la realización de las labores cotidianas, Con ellos, además, se garantizaba la continuidad de las herencias y la memoria de las familias a lo largo del tiempo, ya que ellos se ocupaban de los rituales funerarios de sus padres.
Los niños eran bienvenidos fuera cual fuese su sexo, aunque las preferencias se inclinaban hacia los varones. Para saber si una mujer estaba embarazada y conocer el sexo del futuro hijo, se recurría a métodos como los conservados en los papiros médicos: “Pondrás cebada y trigo en dos bolsitas de tela que la mujer mojará con su orina cada día. Si ambos germinan la mujer está embarazada. Si germina primero la cebada será un niño, si es el trigo será niña. Si no germina ninguno de los dos la mujer no está embarazada”.
Los egipcios eran conscientes de que tanto el periodo de embarazo como el momento del parto implicaban riesgos para la madre y el bebé, por lo que les protegían con amuletos mágicos de divinidades. El parto tenía lugar en cabañas situadas en el jardín o en el tejado de las casas. En ellas las comadronas ayudaban a las mujeres – puestas en cuclillas sobre unos ladrillos- a dar a luz, mientras recitaban conjuros mágicos de protección para la madre y su hijo.

Los peligros de la infancia

Nada más nacer la madre le daba un nombre al pequeño: el “nombre de la madre”, relacionado con la personalidad del niño o bien con alguna divinidad, aunque posteriormente era inscrito en la Casa de la Vida con un segundo nombre con el que sería conocido el resto de sus días.
Desde el mismo instante de su nacimiento el nuevo miembro de la familia era protegido de los malos espíritus y enfermedades con múltiples amuletos o con tiras protectoras con figuras que desviaban las influencias maléficas, aunque también existían pequeños cilindros de materiales diversos que se colgaban del cuello del recién nacido y que contenían en su interior fórmulas protectoras o bolitas de cobre que sonaban al moverse. La mortalidad infantil era muy alta, debido a las condiciones higiénicas del parto, y en muchos casos a la propia inmadurez de la madre. El primer mes de la vida del recién nacido era crítico. Los médicos intentaban paliar los riesgos recomendando durante los primeros años la alimentación con leche materna o de nodrizas. El valor conferido a la lactancia quedó plasmado en pinturas y esculturas, así como en las recetas de papiros médicos: “Para hacer subir la leche: espina dorsal de perca del nilótico. Cocer en aceite. Untar en la espalda.”
Pero hacia los tres o cuatro años, coincidiendo con el abandono de la lactancia, los problemas derivados del cambio en la alimentación podían provocar infecciones mortales en los pequeños.
Las pinturas nos muestran a los más pequeños correteando por los campos, jugando entre ellos, realizando ejercicios de habilidad y rodeados de animales domésticos. Durante su edad más temprana sus madres los llevaban sobre su pecho, en una bolsa que les permitía cuidar de ellos mientras realizaban sus tareas cotidianas.
Luego, desde sus primeros pasos y hasta abandonar la niñez, iban desnudos, sólo ataviados con cinturones y amuletos protectores, con la cabeza rasurada y un mechón de pelo recogido sobre el lado derecho. Se les solía representar de este modo, de pie junto a sus progenitores y llevándose el dedo índice a los labios.

Del juego al trabajo


Gracias a los ajuares de los entierros infantiles han llegado hasta nosotros los juguetes usados por niños y niñas de hace miles de años : muñecas de madera o de barro con el pelo realizado en cuentas, pelotas de fibra vegetal, animales y pequeños barcos de madera, peonzas, juegos de tablero, carros de terracota…
A medida que crecían y según la posición social de las familias, se iniciaban en las tareas propias de adultos. Mientras las jóvenes se encargaban entre otras actividades, de la confección del tejido, la elaboración de ungüentos, cerveza y pan, la recogida de grano y el servicio doméstico, los chicos eran instruidos en los trabajos agrícolas y la ganadería, la pesca, la caza, la fabricación del vino y las labores artesanales. A la vez, en las escuelas repartidas por las provincias, se les introducía en el conocimiento de la escritura jeroglífica y el respeto, el orden cósmico y social.
Los más afortunados, entre ellos algunas niñas, podían ingresar en las escuelas de los templos junto a aquellos destinados a ser escribas o funcionarios, a ejercer profesiones liberales o el sacerdocio. Los tutores desempeñaban un papel destacado en la educación de los hijos de reyes y nobles, a quienes instruían en las futuras labores de gobierno a través de las más variadas disciplinas, al tiempo que lo jóvenes empezaban a descubrir los entresijos de la corte.

La primera menstruación marcaba el final de la niñez de las chicas, que entonces abandonaban su desnudez y se preparaban para el matrimonio. La infancia masculina aún se alargaba un par de años más, retrasándose la edad del matrimonio. Y así, los niños y niñas convertidos en adultos, iniciaban el nuevo ciclo de la sociedad egipcia, dando paso a las nuevas generaciones que, a lo largo de los tiempos perpetuaron la memoria del País de las Dos Tierras.

Tartessos

Mapa de la situación geográfica de Tartessos

Leyenda o historia, muchos son los misterios que aún rodean la existencia del reino de Tartessos. La fascinación ante la riqueza material de sus yacimientos sólo tiene paralelo con el hechizo que ejerce su descendencia y posterior olvido. Su nombre aparece mencionado por primera vez en las fuentes griegas y relacionado con los viajes fenicios y helenos al Mediterráneo occidental. Su desaparición de los testimonios escritos se produce en el siglo IV a.C.

El ámbito cultural de Tartessos dentro del triángulo formado por las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Córdoba, abarcaba desde la riqueza minera descubierta en las regiones montañosas de Riotinto y Sierra Morena hasta la feraz agricultura de las vegas del Guadalquivir y el Guadiana.
Griegos y fenicios encontraron en el misterioso mundo de Tartessos un auténtico El Dorado, capaz de abastecerles de jugosas materias primas: cobre, estaño, oro y, sobre todo, plata.
Los tartesios vivían en el valle del Guadalquivir desde la Edad del Bronce y desde allí constituyeron un reino que se extendía por toda Andalucía y Murcia, imponiéndose a otros pueblos vecinos como los bastetanos, los oretanos y los bástulos, siendo la única gran creación política de los íberos. Sus dioses eran las estrellas, respetaban mucho a los ancianos y eran hospitalarios y de gran liberalidad.
Según escritores antiguos los tartesios eran expertos metalúrgicos, Diodoro cuenta que el país era rico en oro, plata, y especialmente en cobre.






Tesoro Del Carambolo. Tartessos.






Según Poseidonio tenían una agricultura próspera con canales de riego, y el olivo y la vid proporcionaban grandes cosechas. También la ganadería era importante con ganado vacuno, caprino, ovino y porcuno. La obtención de sal era también pieza fundamental de la riqueza tartesia exportándose los salazones hasta la misma Atenas en el siglo V a.C., la pesca y especialmente los moluscos eran también objeto de consumo. Viajeros atrevidos, los redondos barcos tartesios llegaron a las islas Británicas llevando calderos de bronce y escudos y después a la Armórica (noroeste de Francia) obteniendo estaño y plomo a cambio.
Por la Biblia sabemos que los hebreos comerciaban hacia el año 1000 a.C. con Tarschish, aunque algunos historiadores dudan si este nombre era exclusivamente aplicado a Tartessos, nombre que le pondrían los comerciantes griegos. Lo cierto es que los fenicios, atraídos por la enorme riqueza minera de este antiguo imperio andaluz, fundan la ciudad de Gádir hoy Cádiz hacia el año 1100 a.C., y poco después otras ciudades como Malaca (Málaga), Sexi (Almuñécar), Abdera (Adra), Carteia (Algeciras), y Ebyssos (Ibiza), y tras el comercio inicial se imponen militarmente a los tartesios en las zonas costeras que dominan, influyendo notablemente en la cultura tartesia, a la caida de Tiro (Fenicia) en manos asirias en el 700 a.C., los tartesos recobran su total independencia apareciendo entonces la influencia griega, ya que según numerosas expediciones focenses llegan a nuestra tierra fundando las ciudades de Hemeroscopión (Denia), Mainake (al este de Málaga), y otras más por el mediterraneo peninsular ibérico. La influencia griega también será muy importante destacando en las esculturas, los utensilios diarios e incluso se ha encontrado un casco corintio cerca de Jerez. En esta época gobernaba Tartessos el rey Argantonio (el hombre de plata) que según los cronistas griegos gobernó muchos años y regaló a los focenses 1.500 kilos de plata para ayudarles a defender su ciudad de los persas (siglo VI a.C.), la mayor prosperidad del reino fue desde el 700 hasta el 500 a.C., hasta que los feroces cartagineses los invaden destruyendo su capital con el empleo por primera vez del ariete hacia el año 535, y difuminándose el nombre y la cultura tartesia con el dominio cartaginés, y la posterior romanización que encontró en estas tierras una gran asimilación de su cultura, fruto sin duda de la cercanía de la cultura tartesia, que tuvo un gran nivel.

La capital del reino de Tartessos, de igual nombre, ha sido buscada con insistencia.
el alemán Schulten, deseoso de emular a su compatriota Schliemann que descubrió Troya, resucitó el mito de Tartessos y la buscó infructuosamente en la desembocadura del Guadalquivir donde parece por varios documentos antiguos que se situó, otros historiadores romanos y griegos apuntaban la existencia de Tartessos en la bahía de Algeciras, y por la riqueza de los yacimientos encontrados tampoco es descabellado buscarla en las rías del Tinto y el Odiel en Huelva, sin embargo otras hipótesis la situaban junto al río Guadalete en Cádiz, y en Carmona (Sevilla).

Estuviese donde estuviese, lo realmente importante es que Tartessos ha dejado de ser un
cuento mitológico o un tema a debatir por estudiosos, para llegar a ser reconocido por los actuales andaluces como un esplendoroso pasado que empieza a ser estudiado en las escuelas.

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