sábado, febrero 13, 2010

María Antonia De Nápoles


Prima de Fernando y hermana del heredero al trono de Nápoles, la joven calificaba a su marido, Fernando VII de feo, bruto, rechoncho y antipático en las cartas a su madre que, a menudo interceptaban los espías de Napoleón.

María Antonia de Nápoles, también conocida como María Antonietta de Nápoles, nació el 14 de diciembre de 1784, en el Palacio Real de Caserta, en Caserta, Italia.
María Antonia era la hija menor del Rey Fernando IV de Nápoles y de María Carolina de Austria, hija de la emperatriz María Teresa. El nombre de María Antonia le fue impuesto en honor a la hermana favorita de su madre, la reina María Antonieta de Francia. (Como príncipe de Asturias y heredero de la Corona Española, Fernando fue objeto de algunos intentos de combinaciones matrimoniales de conveniencia con el objeto de entablar vínculos con otras potencias, como era frecuente entonces, Pero fue Luciano Bonaparte quien precipitó el arreglo de su primer matrimonio, al insinuar a Godoy la posibilidad de optar a la mano de la infanta Isabel, hermana de Fernando. Carlos IV, escandalizado ante la perspectiva de emparentar con la familia Bonaparte, se apresuró a concertar la boda de su hija con el heredero de la Corona de Nápoles y al mismo tiempo la de Fernando con la hermana de éste, María Antonia

Este doble matrimonio no era del agrado de Godoy, quien a su vez era “persona non grata” para la Corte de Nápoles. Especialmente la reina Carolina, enemiga irreconciliable de Napoleón, desconfiaba de quien había negociado la Paz de Basilea con la Francia Revolucionaria. Como ya se ha apuntado, María Carolina era hermana de la reina de Francia María Antonieta, guillotinada junto a su marido Luis XVI, y eso explica la aversión que sentía contra Nápoles. Ahora, la presencia de los hijos de los reyes de Nápoles en Madrid podía ser perjudicial para quien era estimado como el culpable de la alianza con los hijos de la Revolución.

A pesar de estas diferencias con el príncipe de la Paz, y después de haber celebrado previamente la doble boda por poderes en Nápoles, tuvo lugar la ceremonia nupcial en Barcelona el 4 de octubre de 1802. La familia real al completo se había desplazado a la capital del Principado, recibiendo toda clase de homenajes en su recorrido desde Madrid. Los festejos que acompañaron a la ceremonia fueron espectaculares y el público disfrutó con la participación en los variados actos públicos que se celebraron con este motivo. El embajador en París, Nicolás de Azara, comentaba, no sin cierta alarma, “que España había perdido la cabeza y no sabe qué hacer para gastar en estas bodas. Las enemistades más inveteradas se han convertido en ternezas. Las órdenes y fajas llueven y los cordones de san Genaro valen a huevo en Madrid…”

Para Modesto Lafuente, la boda dio lugar a una auténtica lluvia de favores y nombramientos: “Grandezas de España, grandes cruces y bandas de damas nobles, llaves de gentiles-hombres, mayordomía de semanas, honores de todas clases sin cuento en el Ejército y la Armada de la Península u América…”. Sin duda, fue un acontecimiento que los catalanes tardarían mucho en olvidar.

La novia era una mujer agraciada y, según el retrato que nos ha dejado de ella Vicente López y que se conserva en el Museo del Prado, no estaba exenta de un cierto encanto. La duquesa de Abrantes dice de la princesa en sus Memorias, que era de un aire majestuoso e incluso un poco severo, pero tan pronto como su mirada se coordinaba con su sonrisa, toda su fisonomía se iluminaba con una dulce claridad.
Se decía que la Princesa de Asturias es una digna nieta de María Teresa de Austria, y parecía haber heredado su carácter así como sus virtudes
Sin embargo, a pesar de su indudable atractivo, la relación matrimonial con Fernando no fue satisfactoria. Se sabe, por la correspondencia de María Antonia con su madre, que el príncipe de Asturias no comenzó a portarse como un verdadero marido hasta pasado un año de la boda y su abstinencia carnal comenzó a preocupar seriamente a su suegra María Carolina. Las cartas que se cruzaron madre e hija están llenas de reproches a Fernando, al que se le tacha de feo, bruto, rechoncho, de piernas curvas y muy antipático. Sin apenas relación sexual con su marido, María Antonia se dedicó a indagar en los círculos oficiales sobre las relaciones con Francia para informar a sus padres. La Corte de Nápoles era fiel aliada de Inglaterra y le interesaba conocer los proyectos que figuraban en España. Napoleón interceptó algunas cartas comprometedoras y eso llegó a acentuar la tensión de Godoy con sus suegros. En realidad, la reina María Luisa nunca le guardó muchas simpatías.

María Antonia de Nápoles era una mujer de poca salud y ya dio muestras de su fragilidad cuando a los pocos meses de su llegada a España tuvo que marchar a La Granja para recuperarse de una enfermedad. Tuvo además que sufrir dos abortos habidos en noviembre de 1804 y agosto de 1805, respectivamente.
El miércoles 21 de Mayo de 1806, a las cuatro de la tarde, María Antonia de Nápoles, Princesa de Asturias como primera esposa de Fernando, muere a consecuencia de la tuberculósis, enfermedad que padecía casi desde que llegó a España.
(Actas de la autopsia realizada a María Antonia de Nápoles)

No faltó la opinión de algunos que vieron como causa posible del óbito un envenenamiento ordenado por Godoy, pero probablemente contribuyeron al fatal desenlace el clima de Madrid y el ambiente frío que disfrutó durante su estancia en el Palacio Real.

Fuente de Datos:
*Las Cuatro Esposas de Fernando VII – Rafael Sánchez Montero – Catedrático de Historia Contenporánea – Universidad de Sevilla – L.A. Historia.

miércoles, diciembre 30, 2009

Fernando VII El Rey Felón


(Fernando VII - 1814 - Zacarías González Velázquez)

Fernando VII de Borbón, llamado el Deseado o el Rey Felón, reinó en España en 1808. Volvió a reinar de nuevo después de la expulsión de José Bonaparte, desde 1813 a 1823, año en el que hizo un breve intervalo al ser destituido por el Consejo de Regencia, y tras este intervalo, reinaría hasta su muerte.
Fernando VII disfrutó de gran confianza y popularidad por parte del pueblo español en sus principios, pero pronto se reveló como gran absolutista y considerado sin escrúpulos, vengativo y traicionero, que nunca satisfizo los deseos de sus súbditos. Se solía rodear de una camarilla de aduladores y su política se orientó en buena medida a su propia supervivencia.
La figura de Fernando VII ha merecido a los historiadores un unánime juicio negativo, pasando a los anales de la historia de España como el Rey Felón, y considerado como el monarca español peor tratado
por la historiografía, que continuamente ha repetido sus descalificaciones sobre el monarca.
Su imagen histórica deriva en buena medida de la idea percibida de sus contemporáneos, y especialmente por los que profesaban el credo constitucional, los cuales no cesaron de atacarlo como rey, ni de criticar su vida privada.

Que Fernando VII le tocó reinar en una época difícil, es una cuestión sobre la que no cabe duda. Ahora bien, su reinado estuvo lleno de fracasos y de frustraciones, especialmente a causa de su escasa capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos que corrían. Tampoco su vida familiar estuvo exenta de problemas y complicaciones. Las relaciones con sus padres no podían ser peores, su hermano Carlos se le enfrentó en la última etapa de su reinado, y por si fuera poco, sus esposas morían prematuramente.
(Carlos IV- Francisco Bayeu Subías)
Fernando VII nació el 14 octubre de 1784 en San Lorenzo de El Escorial. Fue el noveno hijo de los 14 que tuvieron Carlos IV y María Luisa de Borbón, hija de los duques de Parma. De los 14 hermanos, ocho (Carlos Clemente, María Luisa, María Amalia, Carlos Domingo, Carlos Francisco, Felipe Francisco, María Teresa y Felipe María) murieron antes de 1800; Carlota Joaquina (1775-1830) fue la esposa de Juan VI de Portugal; María Luisa Josefina (1782-1824) fue reina de Etruria; Carlos María Isidro (1788-1855) y Francisco de Paula (1794-1865) aparecen con frecuencia a lo largo del reinado de Fernando VII; María de la O Isabela (1789-1848) fue reina de Nápoles por matrimonio con Fernando I y madre de Luisa Carlota (esposa de Francisco de Paula) y de María Cristina (cuarta esposa de Fernando VII).

De infancia enfermiza, obtuvo el título de Príncipe de Asturias al acceder al trono su padre Fernando IV, que puso su educación en manos del escolapio Fernando Scio, Francisco Javier Cabrera, obispo de Orihuela, el presbítero Pedro Ramírez y los canónigos Juan Escóiquiz y Cristóbal Bencomo. Fue Escéiquiz quien, al parecer, mantuvo más larga relación y ejerció mayor influencia en príncipe. Influido por éste, creció aborreciendo a su madre y al favorito de ésta, Manuel de Godoy.
Fernando VII tuvo una juventud humillada, y fue tratado como incapaz, sin que encontrara tampoco en sus padres, que no veían sino por los ojos de Godoy, la menor ayuda. La impopularidad de Godoy fue creando un informe partido contra él, en el que participaban desde la nobleza hasta las más humildes clases populares.
Ya desde muy joven, Fernando había conspirado en contra de sus padres los reyes y de Godoy, alentado por su preceptor. En torno al joven Príncipe de Asturias se había formado un núcleo opositor formado por miembros de la alta nobleza, llamados posteriormente "La Camarilla", que perseguían la caída de Godoy.
Los enemigos de Godoy se fueron agrupando en torno al príncipe de Asturias, que comenzó a ser una esperanza; así se fue formando un partido fernandino.

En 1807 se llevó a cabo la primera conspiración y tuvo lugar el proceso de El Escorial, primer acto, como podría decirse, del derrocamiento del valido. La conspiración fue esencialmente movida por la nobleza, que encontró en Fernando un instrumento más que dispuesto a causa de cuanto había tenido que sufrir del favorito.
Estando la corte en El Escorial, un anónimo informó a Carlos IV de un movimiento preparado por el príncipe Fernando, por el que peligraba su corona y la reina corría el riesgo de ser envenenada. Ello no era cierto, pero constituyó motivo para que Carlos I V examinara los papeles de su hijo y le arrestara. Al extenderse la noticia creció el odio al Príncipe de la Paz. Fernando se humilló y firmó unas cartas a sus padres pidiendo perdón, después de dar los nombres de los conjurados. El perdón del rey se publicó, con las cartas, el 5 de noviembre, pero lejos de acallar la indignación pública contra Godoy e incluso contra los reyes, la acrecentó. El 5 de enero, los jueces que entendieron en la causa contra los cómplices absolvieron a los reos de todo cargo, a pesar de lo cual Godoy desterró a los que juzgó más comprometidos.
Dos meses después, y como continuación del intento, hubo un motín en Aranjuez durante la estancia de la corte en este sitio, y esta vez tuvo éxito. Dirigido por el conde de Montijo, se asaltó la casa de Godoy y en su caída, éste arrastró a Carlos IV, que tan ciegamente se había puesto en sus manos.
Un hecho trascendental había ocurrido en la historia de la monarquía española: la abdicación de un rey en virtud de un motín, que además no había sido dirigido contra él. Una de las primeras medidas del nuevo rey, ya Fernando VII, fue levantar el destierro no sólo de los castigados por Godoy a raíz de la causa de El Escorial, sino también a otros que habían sufrido anteriormente sin razón este castigo, al menos sin motivo que se supiera grave.
(Fernando VII es proclamado rey tras el motín de Aranjuez - Grabado siglo XIX)

Cuando tuvo lugar el motín de Aranjuez, las principales plazas fuertes al norte del Ebro estaban ocupadas por los franceses, pues tanto Carlos IV como su hijo creían de buena fe en la amistad y ayuda del Emperador. Fernando VII entró en Madrid el 24 de marzo. Carlos IV ordenó escribir al Emperador, una nota en la que declaraba haberse visto forzado a abdicar para precaver mayores males. Algo debieron de sospechar Fernando VII y sus partidarios, y ante el temor de que por ayuda de los franceses, separando de la política a María Luisa y continuando, al menos, en apariencia, la causa contra Godoy para congraciarse con el pueblo, Carlos IV se viera repuesto, lo que significaría la prisión del joven rey y sus amigos, con la desheredación consiguiente y quizá peligro de guerra civil con Francia, por lo que se iniciaron gestiones para contrarrestar esta amenazadora posibilidad. Aquí radica la explicación del viaje a Francia.
El primero en desplazarse para recibir al Emperador fue D. Carlos; luego siguió el rey, que llegó a Bayona en la última decena de abril, prácticamente prisionero del Emperador. Allí tuvo lugar la forzada abdicación de Fernando VII en su padre, y la de éste en Napoleón, quien, a su vez, cedió la corona a su hermano José Bonaparte.

Una Asamblea convocada en junio en Bayona dotó a España de una Constitución; en los primeros días de julio, José Bonaparte, rey intruso, llegó a España por la frontera de Irún, una España que desde el 2 de mayo estaba en guerra contra Napoleón. Un alzamiento general había depuesto a las autoridades complacientes con los planes napoleónicos; se formaron juntas provinciales y se aprestaron ejércitos contra los franceses. Después de la victoria de Bailén se pensó en crear un Gobierno único, surgiendo la junta Central, integrada por representantes de las Juntas provinciales. A la Junta, que cesó a fines de enero de 1810, coincidiendo con la llegada de los franceses a Sevilla, donde radicaba, sucedió una Regencia a cuyo frente se puso el prestigioso obispo de Orense Pedro Quevedo; los otros miembros eran Saavedra, Escaño, Lardizábal y Castaños. La Junta Central convocó Cortes, y la Regencia, en contra lo acordado por la Central, las reunió al estilo de la Asamblea francesa, en cámara única y voto por cabezas.
Cuando las Cortes de Cádiz iniciaron sus sesiones en septiembre de 1810, la mayor parte de España estaba en poder de los franceses. Las primeras decisiones de las Cortes modificaron sustancialmente la constitución política de la monarquía, decretando la soberanía nacional y la división de poderes. A partir de 1812, los ejércitos españoles e ingleses, al mando de Wellington habían ido sumando victorias contra los franceses; en octubre de 1813, el ejército aliado entró en Francia, y a fines de año se firmó el tratado de Valenjay, por el que Fernando VII recobró su libertad. En septiembre de 1813 comenzaron sus sesiones en Cádiz las Cortes ordinarias, las cuales sucedieron a las extraordinarias que elaboraron la Constitución.

(Alegoría del regreso de Fernando VII)

En marzo de 1814 Fernando VII pasó la frontera española y se encontró entre dos tendencias: la representada por el emisario de las Cortes, exigiéndole que jurara la Constitución como requisito previo para gobernar, y la de los diputados realistas. La adhesión del Ejército y la actitud del pueblo, así como (probablemente) el contenido del Manifiesto, determinaron el camino que siguió Fernando VIl.
El 4 de mayo de 1814, Fernando VII promulgó un decreto que restablecía la Monarquía absoluta y declaraba nulo y sin efecto alguno toda la obra de las Cortes de Cádiz. El régimen constitucional no fue capaz de oponer resistencia, y las Cortes fueron disueltas el 10 de Mayo de aquel año.

El resto del reinado de Fernando VII estuvo marcado por su resistencia a reformar las caducas estructuras del Antiguo Régimen, acompañada de una represión sangrienta contra los movimientos de inspiración liberal. Durante los «seis mal llamados años» (1814-20) se limitó a restaurar la monarquía absoluta como si nada hubiera ocurrido desde 1808, agravando los problemas financieros derivados de la pervivencia de los privilegios fiscales y la insuficiencia del sistema tributario tradicional; un endeudamiento creciente ahogaba a la Hacienda Real, al tiempo que España perdía todo protagonismo internacional (la participación en el Congreso de Viena de 1815 se saldó sin beneficio alguno para el país).
Incapaz de reaccionar ante el proceso de emancipación de las colonias americanas, Fernando permitió prácticamente que consolidaran su independencia de España; cuando, en 1820, reunió en Andalucía un ejército expedicionario destinado a recuperar el control sobre América, éste se pronunció bajo el mando del general Riego y puso en marcha un proceso revolucionario que obligó al rey a aceptar la restauración de la Constitución de 1812.
(Jura de FErnando VII como principe de Asturias - 1791 - Luis Paret y Alcázar)

Durante el siguiente Trienio Liberal (1820-23), Fernando intentó salvar el Trono fingiendo admitir su nuevo papel de monarca constitucional, pero utilizó todos los recursos que pudo para hacer fracasar el régimen y obstaculizar las reformas de las Cortes y los gobiernos liberales: conspiró para organizar un golpe de Estado de la Guardia Real en Madrid, que fracasó en 1822; posteriormente llamó en su ayuda a las potencias absolutistas de la Santa Alianza, hasta propiciar una nueva invasión francesa de la Península, la campaña de los «Cien mil hijos de San Luis» que, bajo el mando del duque de Angulema, derribó el régimen constitucional y repuso a Fernando como rey absoluto (1823).

(Desembarco de S.M. el Rey Don Fernando VII en El Puerto de Santa María, el 1 de Octubre de 1823- Oleo José Aparicio)

El 31 de marzo de 1830 Fernando promulgó la Pragmática Sanción, aprobada el 30 de Septiembre de 1789, bajo Carlos IV, pero que no se había hecho efectiva por razones de política exterior. La Pragmática establecía que si el rey no tenía heredero varón, heredaría la hija mayor. Esto excluía, en la práctica, al infante Don Carlos María Isidro de la sucesión, por cuanto ya fuese niño o niña quien naciese sería el heredero directo del rey. De esta forma, su hija Isabel, la futura Isabel II, nacida poco después, se veía reconocida como heredera de la corona, con gran disgusto de los partidarios de don Carlos, el hermano del rey.

En 1832, hallándose el rey enfermo de gravedad en cortesanos partidarios del infante consiguieron que Fernando VII firmara un Decreto derogando la Pragmática. Con la mejoría de salud del Rey, el Gobierno de Francisco Cea Bermúdez, la puso de nuevo en vigor. Tras ello, Don Carlos marchó a Portugal. Entre tanto, María Cristina, nombrada regente durante la grave enfermedad del rey (la heredera Isabel apenas tenía tres años en ese momento), inició un acercamiento hacia los liberales y concedió una amplia amnistía para los liberales exiliados, prefigurando el viraje político hacia el liberalismo que se produciría a la muerte del rey.

(Grabado del Museo Municipal en el que se muestra a la reina María Cristina cuidando a Fernando VII enfermo)

Fernando murió el 19 de Septiembre de 1833, sin hijos varones, había tenido otra hija la infanta Luisa Fernanda. El infante don Carlos, junto a otros realistas que consideraban que el legítimo heredero era el hermano del rey y no su hija primogénita, se sublevaron y empezó la Primera Guerra Carlista. Con ello su aparición el carlismo.

Fernando VII tenía fama de mujeriego. Las historias que se contaban de sus infidelidadescy de sus aventuras extramaritales corrían paralelas a las críticas feroces a su carácter vengativo y torticiero.
Contrajo matrimonio en cuatro ocasiones:
En 1802 casó con su prima María Antonia de las Dos Sicilias, hija de Fernando I de las dos Sicilias y de María Carolina de Austria. (1784-1806), hija de María Antonia sufrió dos abortos, y no hubo descendencia.

En 1816 Fernando casó en segundas nupcias con su sobrina Isabel de Braganza, Infanta de Portugal (1797-1818), hija de su hermana mayor Carlota Joaquina y Juan VI de Portugal. Murió por una cesárea mal practicada, que causó también la muerte a su única hija.

En 1819 casó por tercera vez con María Josefa de Sajonia, (1803-1829), hija de Maximiliano de Sajonia y Carolina de Borbón-Parma. No tuvieron descendencia.

Finalmente, en 1829, casó con otra de sus sobrinas, María Cristina de las Dos Sicilias (1806–1878), hija de su hermana menor María Isabel de Borbón y Francisco I de las Dos Sicilias. Tuvieron dos hijas:
Isabel II (1830-1904), reina de España (1833-1868) y Luisa Fernanda (1832-1897), infanta de España, casada con el duque de Montpensier.

Fuente de Datos:
*Fernando VII - Rafael Sánchez Montero – Madrid, Arlanza, 2001.
*Wikipedia
*Biografías y Vida

jueves, febrero 19, 2009

Aníbal, Audacia y Elefantes

("Llegada de Amílcar Barca y su hijo Aníbal a Iberia" - Mosaico de la Plaza de España - Sevilla)

(Estatua de Aníbal Barca - 1704 - Situada en el Patio Puget del Museo del Louvre - Paris)


Aníbal, hijo de Amílcar Barca, nació en Cartago (actual Túnez), hacia el año 247 a.c.

Contaba nueve años cuando acompañó a su padre durante la conquista cartaginesa de Iberia, después de haber jurado en Cartago, ante el altar de Baal, odio eterno a los romanos. Tras la muerte de su padre en el 229 a.c. y de su cuñado Asdrúbal en el 221 a.c., asumió el mando del ejército cartaginés.


Rápidamente (en tan solo dos años), se hizo con el control de extensos territorios, y ante la inminencia de la guerra contra Roma, decidió basar su estrategia ofensiva trasladando el escenario de los combates a Italia con el objetivo de debilitar el centro del poder romano.


Su estrategia le hizo rodearse con contingentes de diversas procedencias, esencialmente mercenarios, creando así un ejército que combatía no sólo por la paga y el botín, sino también por el influjo que su jefe ejercía sobre ellos. Aplicaba su estrategia basándose en el sentido común, y modificaba sobre la marcha sus planteamientos de ataque según fueran las condiciones del terreno, las fuerzas del enemigo y los recursos con los que contaba en cada momento. Una de tus tácticas predominantes era la de la sorpresa, contrarrestando así la de su enemigo generalmente el choque frontal. Todas estas artimañas eran consideradas por los romanos opuestas a un combate leal.


En el verano del 218 a.c. Aníbal partió de Cartago Nova con un ejército formado por 90.000 infantes, 12.000 jinetes y con cerca de cuarenta paquidermos especialmente adiestrados para el combate. No quería entrar en el mismo hasta alcanzar Italia, de modo que sorteó los Pirineos La primera dificultad importante respecto a estos animales se presentó a la hora de cruzar el Ródano. El paso del río se efectuó mediante balsas. Se habilitaron dos almandías de 200 pies de largo y 50 de ancho, cubiertas de tierra como si fueran un puente para que los animales no se asustasen. La primera estaba amarrada a la orilla, pero no así la segunda, unida a la anterior por sogas.


(Elefantes cruzando en balsas el río Ródano)

Cuando un grupo de elefantes se ponía sobre ella, era remolcada por varias embarcaciones hasta la ribera opuesta. Algunos animales, asustados, cayeron al agua o se lanzaron a ella junto con los conductores de los mismos, que perecieron, no así los elefantes, que se salvaron gracias a la longitud y fuerza de sus trompas, que levantaban por encima del agua pudiendo respirar y resistiendo la corriente, haciendo erguidos la mayor parte de la travesía.

(El penoso paso de Los Alpes)

El paso de los Alpes revistió mayor dramatismo. Aníbal no logró llegar a esta cordillera antes de finales del otoño, de modo que los elefantes tuvieron que afrontar una terrible marcha sobre una gruesa capa de nieve y también el hambre, pues en las alturas superiores no había pasto. Además, el ejército tuvo que ensanchar algunos de los pasos más angostos cuyas estrechas gargantas impedían el paso de los elefantes. Pero Aníbal no renunciaría a los enormes paquidermos cuya visión causaba el terror de sus enemigos. Aplicando su ingenio ordenó a sus hombres, poco acostumbrados al frío, a desbloquear el camino prendiendo hogueras bajo las piedras y vertiendo vino rancio sobre ellas hasta hacer estallar y romper los bloques.

No obstante, la marcha era agotadora, muriendo numerosos animales, bien por agotamientos, accidentes o víctimas de enfermedades provocadas por el riguroso invierno de los Alpes. Privado de estos instrumentos de guerra, el general púnico tuvo que modificar tu táctica de combate a la hora de enfrentarse a los romanos, y rehuyó la batalla a la que el general romano Plubio Escipión intentó atraerle, esperando un mejor momento para lanzarse al campo de batalla.


("Aníbal montado sobre un elefante" - Detalle del fresco del siglo XVI atribuído a Lacopo Ripanda - Museos Capitolinos)


La ocasión no tardó en presentársele. Después de que el ejército de Escipión atravesara el Po, fue derrotado por el cartaginés en las batallas de Tesino, Trebia y Trasimeno, batallas cruelmente sangrientas para sus enemigos.

Posteriormente Aníbal se hizo enviar desde Cartago cuarenta nuevos elefantes y reconstruyó su ejército, venciendo nuevamente al ejército enemigo en el 216 a.c. en la batalla de Cannas, donde aniquiló a ocho legiones romanas. Para el pueblo romano fue el mayor desastre bélico en su lucha contra los cartagineses.


Pero si bien la batalla de Cannas marcó su cenit, fue también el principio de su ocaso, al nos ser capaz en los trece años siguientes de arrastrar al ejército romano a un combate decisivo mientras sus efectivos menguaban en campañas menores.

Aceptó un último desafío: defender a Cartago en la llanura de Zama cuando todos los triunfos se hallaban ya en manos de su oponente Escipión.


("Batalla de Zama - Aníbal y Escipión frente a frente") - Tapiz de los siglos XV-XVI)

La batalla de Zama fue su mayor derrota y la que puso punto y final a la segunda guerra púnica.

Perseguido implacablemente por Roma, se suicidó en Bitinia, hacia el año 183 a.c.


Se sigue discutiendo si el cartaginés era un excelente táctico pero un mal estratega, capaz de obtener las victorias más resonantes, pero sin obtener provecho de ellas a largo plazo


Fuentes:

*Francesc Gracia – Profesor titular de Arqueología de la Universidad de Barcelona – Historia National Geographic

*Aníbal de Cartago – P. Barceló – Alianza Editorial, Madrid 2001

domingo, marzo 23, 2008

Berenice De Judea

Berenice de Judea nació el año 18 después de cristo; era hija de Agripa, rey de Siria. Casó con Mario, cuestor de las legiones romanas en Palestina, a quien asesinó; se amancebó con su tío Herodes de Calcis, a quien también ordenó envenenar; vivió incestuosamente con su hermano Agripa II, último rey judío de Jerusalén, y fue amante en Judea del futuro emperador Flavio Vespasiano “Tito”. Al perder el trono Agripa, Berenice pasó a Italia con su hermano y allí terminó sus días.

Recreemos la historia poniéndonos en la piel de su protagonista.

Mi nombre es Berenice. De la infancia de mi Judea natal tengo pocos recuerdos: una mujer me mece entre sus brazos, libo de sus pezones tibia leche a la sombra de un toldo amarillento mecido por la brisa, siento el olor dulzón de los efluvios lácteos mezclado al acre del sudor de su cuerpo. Escucho la recia voz de un hombre que imparte órdenes….

Supe muy pronto que todo era irreal, circunstancial y efímero, que las hembras sólo son respetadas en la cuna. Aprendí de mi madre en la niñez que la mujer únicamente medra por la astucia y gracias a su cuerpo. También aprendí las técnicas del embellecimiento, sus trucos, sus engaños y secretos y los rudimentos de la danza.

Con 13 años ya era una verdadera mujer. Me encapriché de un soldado de palacio que me miraba con ojos deseosos. Nos cruzamos en el patio, nos miramos y aquella misma noche nos amamos. Fue un amor que sólo duró quince días. Ya a la tercera vez odiaba su gesto displicente y su suficiencia que tanto detesto en los hombres. Aunque si mandé matarlo no fue por presunción sino por torpe: en doce o trece encuentros fue incapaz de darme placer.

Cuando cumplí quince años mi padre ajustó mi boda con Mario Leandro para congraciarse con Roma. No me gustaba Mario. Se pasaba el día bebiendo y era torpe. Decidí suprimirlo porque también se aliviaba con cualquier barragana. De inmediato me hice amante de su hermano Julio (mi cuñado) hasta que, llamado por Tiberio, partió a Italia.

Por aquél tiempo mi tío Herodes Antipas, tras desterrar a su hermano, se amancebó con su cuñada Herodías. Herodías era una mujer como para desquiciar a cualquier hombre.

Una noche estábamos cenando estrictamente en familia: Herodías, y Herodes, Herodes de Calcis y su mujer Rebecca, Salomé y yo. Noté como mi tío Herodes de Calcis me miraba insistentemente. Creo que esa noche se enamoró de mí. En la madrugada pasó a visitarme y me amó de una manera muy dulce, con un arte de experto, conquistándome. Los 15 años que pasé amancebada con él fueron muy plácidos.

Tras repudiar a Rebecca, su mujer legítima, me instaló en su palacio de Jerusalén. Era un hombre mayor, maniático como todos los viejos pero inmensamente rico. El menor de sus hijos podría haber sido mi padre. Me adoraba. Me cubrió de oro y gemas, de las mejores sedas y el mejor lino. Me visitaba cada noche pero yo sólo me dejaba tocar de tarde en tarde. Desde que salía por la puerta entraban mis dos amantes, apuestos mancebos de la XV Legión, que me daban placer por turnos…. Al final Herodes se puso impertinente recelando del trasiego tras mi puerta. Puesta en el trance de acabar con él elegí la cicuta como tóxico. Murió sin darse cuenta.

Por entonces ya se fijaba en mí mi propio hermano, el rey Agripa II.

Mi vida al lado de Agripa fue también apacible. Ni siquiera repudió a su mujer, una pazguata que se entendía con un antiguo amante. Mi cuñada y yo nos llevábamos bien incluso bajo las sábanas. Con mi hermano no tenía secretos. El conocía mi cuerpo y yo adoraba el suyo. Lo traicioné muy raras veces pues me colmaba hasta dejarme ahíta. Sólo cuando llegó a Judea Flavio Vespasiano, el futuro emperador “tito”, dejó de interesarme.

Mis padres eligieron para mí el nombre de Berenice deseándome la belleza de aquellas reinas lágidas. No tengo queja: soy hermosa. Sin cumplir los 40 cautivé a Flavio Vespasiano, futuro emperador, que contaba sólo 28.

Es hoy, pasados los 60 y únicamente duermo sola por mi gusto. Sin embargo no tengo hijos. No me duele decir que soy estéril aunque ello sea un duro estigma para los de mi raza.

Los hombres han pasado por vida como un soplo de viento. Los he tenido, los he amado y cuando ha sido necesario los he eliminado.

(Cabanillas de Blas)


viernes, agosto 17, 2007

Lucrecia De León

Lucrecia de León fue una mujer condenada por soñar. Lo cierto es que sus sueños eran lo que hoy llamaríamos “políticamente incorrectos”, si a esto añadimos unas nefastas influencias, tendremos lo que posiblemente fue Lucrecia: una víctima de la intransigencia de su época.

Nace en Madrid, en el año 1567, hija de un humilde trabajador del estado, no tuvo ningún tipo de educación, como era común en la época para las mujeres, excepto las clases más altas. Pronto empezará a manifestar una rara capacidad para recordar sus sueños, lo cual pese a la oposición de su padre, ella con ayuda de su madre, comenzó a relatar sus sueños y profecías a todo aquel que se mostrara dispuesto a pagarles una buena cena.
Esto llegó a oídas del Don Alonso de Mendoza, un clérigo de ciertas influencias en la corte y nada partidario de la política del rey que por entonces gobernaba: Felipe II.
Así, este a cambio de su protección espiritual y económica, comenzó a redactar los sueños que le Lucrecia le contaba. Luego, él y su camarilla de amigos los interpretaban y difundían según sus propios intereses, que no eran otros que los de sembrar el desconcierto y el pesimismo respecto a la política del rey.
Lucrecia parecía no enterarse de nada de esto, y si en algún momento se dio cuenta del peligro que suponía oponerse al monarca, las presiones de su madre, que solo acertaba a ver el beneficio económico, le obligaron a continuar con sus narraciones. Hay autores que piensan que Lucrecia fue consciente de todo y que solo era una farsante que ansiaba alcanzar los resortes de poder vetados a las doncellas de su condición.
Aunque parezca extraño, estas opiniones contrarias al gobierno del país, entresacadas de los sueños de una doncella iletrada, tuvieron mucho éxito. En ellos Lucrecia predecía la derrota de la flota española (al igual que otros muchos “videntes” de la época). El problema vino cuando en efecto, al gran “Armada Invencible” fue derrotada en las costas de Inglaterra. A partir de entonces todo el asunto empezó a ser peligroso. Sus sueños iban más allá, prediciendo el regreso de los musulmanes a la Península, teniendo que volver a empezar a reconquistar el territorio, como en siglos anteriores. Como responsable de todas estas desgracias se presentaba al rey Felipe II, el cual, al enterarse, ordenó la detención de todo el grupo. Así, Lucrecia, Don Alonso y los escribanos encargados de transcribir y divulgar los escritos, fueron apresados y enviados a una cárcel de la inquisición en el año 1590. Allí su vida fue muy dura y para mayor desgracia, descubrió que estaba embarazada.
Dio a luz a su hija en la prisión, donde permaneció por varios años, sufriendo tormento para que confesara el motivo y auténtico significado de sus profecías. Ella se defendió como pudo en su papel de mujer ignorante, manipulada por Don Alonso y sus amigos, sin embargo, por irregularidades del proceso y el testimonio contradictorio de varios acusados, la causa se retrasó varios años más, declarando finalmente culpables a todos.
Cuando salió de la prisión en 1595, después de sufrir un auto de fe público, comprobó que su familia le había abandonado, encontrándose sola y con una hija pequeña que solo conocía acerca de cucarachas y ratones, sus amigos de juegos.
Así se pierde su pista. Su nombre no vuelve a aparecer en ningún documento. Si hemos podido conocer su historia se debe al proceso que sufrió, el cual quedó registrado en los archivos de la inquisición. Posiblemente el resto de su vida fuera muy dura, sola, sin recursos, procesada por la inquisición y madre soltera.

Triste destino para una soñadora

jueves, mayo 03, 2007

Leonor de Guzmán

Leonor De Guzmán

Leonor Núñez de Guzmán, dama castellana, nacida probablemente en Sevilla (España) en 1310 y muerta en Talavera de la Reina en 1351. Era hija del noble caballero castellano Pedro Núñez de Guzmán (perteneciente a la poderosa Casa de Guzmán) y de Juana Ponce de León (biznieta del Alfonso IX de León).

Fue la favorita del rey de Castilla Alfonso XI, con quien tuvo a Enrique de Trastámara. Perteneció a una opulenta familia, fue señora de Medina Sidonia y otras plazas.

Aunque se casó con el caballero don Juan de Velasco, ya era viuda en el año 1328. Poco después conoció en la corte sevillana al rey Alfonso XI, y entre ambos surgió un amor inmediato que mantuvieron hasta la muerte de éste, ocurrida a consecuencia de la peste en el año 1350 durante el cerco de Gibraltar. A pesar de esto Alfonso XI se casó con María de Portugal, con quien tuvo posteriormente al futuro Pedro I.

Alfonso XI

La favorita, Leonor de Guzmán, tuvo gran influencia sobre el rey. Tal es así que las crónicas de la época recogen abundantes testimonios sobre su poder:
E otrosi el rrey fiava mucho della, ca todas las cosas que se avien de facer en el rreyno todas pasavan sabiendolo ella, e no de otra manera por la fianca que el rrey ponia en ella”.

Tras la muerte de Alfonso XI, sintiéndose viuda, cayó en desgracia. Al llegar a Sevilla fue encarcelada en el alcázar. Posteriormente la trasladaron a Carmona, y finalmente a Talavera de la Reina, en donde murió en 1351 por orden de la reina madre, doña María, esposa de Alfonso XI y madre del nuevo rey Pedro I.




Sepulcro Leonor de Guzmán
Tuvo diez hijos con Alfonso XI, de los que sobrevivieron ocho. El mayor fue Enrique, fundador de la dinastía de los Trastámara que se convirtió en rey de Castilla (con el nombre de Enrique II) tras luchar contra su hermano, Pedro I, y vencerlo.

viernes, marzo 09, 2007

Irene Emperatriz de Bizancio

Irene, esposa y madre de emperadores y ella misma “emperador”, fue una mujer controvertida y con fama de cruel a quien la iglesia ortodoxa dispensa, no obstante, el tratamiento de santa.
Irene llegó a Constantinopla desde Atenas en noviembre del año 769. Contaba por aquél entonces unos quince años. El emperador Constantino V la había escogido para esposa de su hijo el coemperador León IV que acababa de cumplir 19 años, con el fin de reforzar los vínculos entre la capital imperial y la provincia de Grecia.
En Enero del año 771 Irene dio a luz a su único hijo Constantino y en Agosto de 775, tras la muerte de Constantino V, Irene y León IV ascendieron al trono. Cinco años después el emperador León murió en circunstancias misteriosas, envenenado según algunos. El nuevo soberano Constantino IV, que no había cumplido aún los diez años, habría sido presa fácil para sus enemigos de no ser por la firme resolución de su madre.

Irene tomó el timón de la nave del Estado y con el auxilio de sus eunucos de confianza, Ecio y Eustaracio, se deshizo hábilmente de sus principales adversarios, los hermanastros de León IV. De este modo, Irene inició su reinado público, que se prolongó, con algunas interrupciones, a lo largo de 22 años.

Intentó restaurar de nuevo la veneración a las imágenes acercándose al partido iconófilo, y tras una asamblea eclesiástica el reconocimiento de los iconos fue instaurado.
Irene y el joven Constantino IV fueron aclamados como sucesores de Elena y Constantino El Grande, los primeros emperadores cristianos de Roma. Sin embargo las relaciones entre madre e hijo comenzaban a resquebrajarse.
Llegó el emperador a la edad adulta e Irene no quería cederle el poder. Rompió el compromiso matrimonial de Constantino con una de las hijas de Carlomagno y lo obligó a casarse con María de Amnia, una mujer de la pequeña nobleza de Anatolia, de gran belleza. En octubre de 790 el joven soberano logró hacerse con el control del estado gracias al apoyo de las tropas acuarteladas en Asia Menor.
Irene fue confinada temporalmente en el palacio de Eleuterio, que ella misma había ordenado construir, pero dos años después obtuvo de su hijo la rehabilitación de sus honores y regresó a la corte.
Algunas fuentes la acusan de instigar la pasión de Constantino, que en el año 795 repudió sin motivación aceptable a María y contrajo matrimonio con su amante Teodota, a quien honró con el título de augusta.
Aunque el patriarca Tarasio reconoció la ceremonia, los representantes del partido monástico la repudiaron, dando lugar al llamado “cima del adulterio”.
El 19 de Agosto de 797 Constantino VI fue cegado por orden de su madre y ella asumió el poder absoluto del trono. Su hijo y Teodota eran recluidos en un monasterio.
A partir de entonces y durante casi cinco años Irene gobernó Bizancio con mano de hierro bajo el título de Emperador. En contra de la costumbre rechazó casarse con ninguno de los candidatos que le ofrecieron y tan sólo aceptó mantener una negociación matrimonial con Carlomagno. Intentaba con esto la continuidad de su reinado en solitario pero su plan fracasó cuando su antiguo amigo, el eunuco Ecio se alió con el ministro de finanzas.
El 31 de octubre de 802, a través de un fulminante golpe de mano, Irene fue arrestada y conducida al monasterio de la isla de Prinkipo en el mar de Mármara para ser trasladada posteriormente de Lesbos, dónde murió poco después de su llegada.
Fue la primera emperatriz a título propio que ocupó el trono de Constantinopla, una mujer poderosa, cruel e intrigante.
A pesar de todo, los cristianos ortodoxos la veneran como santa y el 7 de agosto celebran su memoria como la restauradora del culto a los iconos.


domingo, enero 28, 2007

La Trágica Vida Del Infante Don Carlos De Austria

En 1568 el rey español Felipe II mandó encarcelar a su primogénito y heredero, don Carlos, que murió durante el encierro, una tragedia que alimentó la Leyenda Negra antihispánica.

En la noche del 18 al 19 de enero de 1568 Felipe II, acompañado de algunos miembros del Consejo de Estado se dirigió a las habitaciones de su hijo y heredero el príncipe don Carlos. Entraron en silencio y se apoderaron de las armas que allí había. Después el rey ordenó que se incautasen todos los documentos del príncipe y que se clavasen las ventanas de su cámara, colocando una guardia permanente para custodiar a su hijo. A partir de ese instante y hasta el momento de su muerte, don Carlos permaneció incomunicado y vigilado en una torre del Alcázar de Madrid. La prisión del heredero de la Monarquía Católica provocó todo tipo de especulaciones en las cortes europeas. Seis meses después de los hechos, el fallecimiento del príncipe - cuyo óbito solucionaba un difícil problema de estado- dio pié a que se divulgara la sospecha de la muerte violenta de don Carlos por orden del padre echándoseles encima sus principales enemigos que forjaron la imagen de un apuesto joven don Carlos defensor de las libertades que se subleva contra su padre, un rey achacoso fanático, enfermo de celos por la pasión surgida entre el joven príncipe y su madrastra Isabel de Valois.

¿Porqué mandó encancelar Felipe II a su heredero, su único hijo varón? La respuesta parece que está en la manera de ser de don Carlos.

Había nacido el 8 de julio de 1.545 en Valladolid, fruto del entonces príncipe Felipe con María Manuela de Portugal, su prima por doble vínculo. La princesa murió a los 4 días del alumbramiento. Huérfano de madre don Carlos apenas estuvo junto a su padre durante su infancia. Primero porque Felipe, que tenía 18 años cuando nació su hijo, se ocupaba del gobierno de los territorios hispanos en ausencia de su padre Carlos V, y más tarde porque estuvo fuera de España con motivo de su matrimonio con María Tudor, o por su necesaria presencia en los Países Bajos.

Hasta los siete años el príncipe Don Carlos fue entregado a los cuidados de doña Leonor de Mascarena y bajo la protección de su tía Juana, quién tuvo que abandonarlo al concertarse su matrimonio con el heredero de la corona portuguesa. Estas separaciones, al igual que la de su ayo Luis de Sarmiento, sumieron a Don Carlos en la tristeza y desasosiego pues se sentía sólo sin padre y sin abuelo (su padre estaba en Monzón y su abuelo en Alemania), lo cual hizo que carácter y la educación del príncipe no fueran los adecuados para quien estaba llamado a asumir el gobierno de la monarquía más poderosa de la época.

Además de todo esto don Carlos tenía una naturaleza débil y una salud precaria. Era un joven consentido, caprichoso y soberbio. Por maestros de su educación pasaron los mejores pedagogos de la época, pero todos eran vencidos ante la intolerancia y el despotismo del pequeño príncipe. Sus arrebatos y sus ansias de poder se manifestaban cada día con mayor intensidad, y su única meta era obtener la gloria del éxito militar y el emular a su abuelo Calor V a quien admiraba.

A los 17 años fue enviado a estudiar a Alcalá de Henares y el cambio fue favorable para su salud, pero un desgraciado accidente le hizo caer por unas escaleras lo cual le provocó una herida en la cabeza de enorme gravedad. A pesar de que se le prescribió todo tipo de tratamiento los médicos lo desahuciaron. Aún así don Carlos salvó la vida pero su salud quedó quebrantada y su carácter se hizo más inestable, llegándolo algunos a comparar con su bisabuela Juana la Loca. Sus rabietas eran cada vez mayores y cada vez que su padre lo amonestaba, el príncipe montaba en cólera hasta enfermar, reprochando además a su progenitor de que lo apartaba del poder y no le conseguía ningún tipo de protagonismo. Su única obsesión era seguir los pasos de su padre que con solo 16 años ya tenía responsabilidades de gobierno. Sin embargo Felipe II no lo veía capacitado para ello. Esta actitud del rey mantenía a don Carlos angustiado y desesperado, lo que le inducía a censurar todas las decisiones que su padre tomaba.

Las tensiones entre ambos crecieron a partir de 1.566, como consecuencia de la crisis de los Países Bajos el príncipe pudo concebir esperanzas de que podría ser enviado a gobernar Flandes, sin embargo, los propósitos del Rey eran otros: Ordenó que su hijo permaneciera en España y en su lugar envió al duque de Alba como encargado de dirigir las operaciones de dichos países. El príncipe se enfrentó al duque retándolo puñal en mano “Vos no iréis a Flandes porque os mataré”. La situación fue llegando a extremos límites, más aún cuando Felipe II fue enterado de que en diciembre de 1567 don Carlos tenía preparada la huída de España. Estos acontecimientos indujeron al rey a tomar rigurosas medidas con respecto a su hijo y finalmente, la noche del 18 de enero ordenó su encarcelamiento.

La desesperación de don Carlos al verse en ese estado rebasó todos los límites imaginables, pidiendo a su padre que lo matara allí mismo puesto que su prisión era un escándalo y un deshonor, y amenazó con quitarse la vida, pero el rey no se inmutó ante sus palabras y lo mantuvo encerrado entre cuatro paredes.

Cada día más desesperado, Don Carlos hizo cuanto pudo para acabar con su vida: mantuvo prolongadas huelgas de hambre, bebía agua helada sin tino o enfriaba la cama con nieve. Su precaria salud unida a estos excesos, precipitó su muerte sin que el rey tomara cartas en el asunto. El 19 de julio se hizo pública la enfermedad de don Carlos, y éste, sabiendo que su final se acercaba, pidió ver a su padre para solicitar su perdón, pero el rey se negó a visitarle y prohibió a la reina y a doña Juana que lo hiciesen.

En la madrugada del 24 de julio murió don Carlos teniendo pleno conocimiento de sus actos y confortado con los santos sacramentos. Su muerte encendió más aún la suspicacia: se habó de veneno, de estrangulamiento y de otras formas de muerte violenta; especulaciones todas ellas sin fundamento. Pero aunque Felipe II no ordenara la muerte de su hijo, eso no lo eximió de responsabilidad, porque si bien como rey tenía motivos para privarlos de libertad, no los tenía para tratarle como un criminal, impidiéndole todo contacto con sus pocos amigos y empujándolo a la desesperación más absoluta.

Como era física y moralmente don Carlos

Según las palabras del Embajador de España al informar al rey de Bohemia sobre el príncipe don Carlos: “tiene los cabellos oscuros y lacios, la cabeza mediana, los labios normales, los labios grises, el mentón poco saliente y el rostro muy pálido. No es ancho de espaldas ni de talla grande: uno de sus hombros es un poco más alto que el otro. Tiene el pecho hundido y una pequeña giba en la espalda, a la altura del estómago. Su pierna izquierda es bastante más larga que la derecha y e sirve menos fácilmente de todo el lado derecho de su persona que del izquierdo. Los muslos son fuertes pero mal proporcionados, y sus piernas débiles. Su voz es delgada y muy chillona; da muestra de dificultad al empezar a hablar y las palabras le salen con dificultad de la boca. Su naturaleza es delicada y enfermiza y su carácter violento e irritable.

La herencia genética

La política matrimonial que iniciaron los Reyes Católicos y que continuó el Emperador Carlos V, tuvo como resultado una seria de uniones consanguíneas que se ve reflejada en el árbol genealógico de los Austrias españoles.


Carlos V, hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso y nieto de los Reyes Católicos contrajo matrimonio con su prima hermana Isabel de Portugal, y el hijo de ambos, Felipe II lo hizo a su vez con María Manuela de Portugal, prima hermana suya y además en doble grado. Uno y otro eran nietos de Juana I de Castilla, por lo que su hijo, el príncipe don Carlos era biznieto tanto por línea materna como paterna de la desdichada reina llamada “la loca”. Todo hace pensar que esta desgraciada herencia genética, fruto de repetidas uniones consanguíneas, se manifestó en la persona de don Carlos, no solo en lo que respecta a su fragilidad física sino también a sus desequilibrios físicos.






martes, diciembre 26, 2006

Boabdil El Chico

Nacido en 1460, Abu 'Abd Allāh fue el último rey de Granada con el nombre de Muhammad XI, llamado por los cristianos Boabdil, perteneciente a la dinastía nasarí o nazarí.

La mala prensa que tiene Boabdil el Chico se debe a la pérdida de Granada en favor de los Reyes Católicos, poniendo éstos fin a la Reconquista.

Abu Abd Allah era el hijo mayor de Muley Hacén y de la princesa Fátima. Los últimos años del reino nazarí estuvieron cargados de tensión y enfrentamientos continuos entre las diferentes facciones de poder. En esta línea, la propia princesa madre animó a Boabdil a rebelarse contra su padre, afectada por una cuestión de celos ya que Muley Hacén tomaba en mayor consideración a la nueva favorita, la cautiva cristiana Isabel de Solís. Boabdil fue proclamado rey por los granadinos sublevados contra Muley en el año 1482.

Junto al apoyo popular, Boabdil recibía el de los abencerrajes, uno de los más importantes grupos de presión política y económica. El inicio de la Guerra de Granada fue beneficioso para Boabdil ya que consiguió derrotar a los cristianos al este de Málaga pero pronto fue hecho prisionero en Lucena. Muley volvía a ocupar el trono temporalmente hasta que una nueva revuelta colocaba en el poder a al-Zagal, hermano de Muley. Los Reyes Católicos consideraron que Boabdil podría hacer más daño en Granada que cautivo en el castillo de Lucena ya que aumentaría las tensiones en el reino nazarí. Boabdil consiguió la libertad después de firmar un tratado de paz. Al-Zagal se negó a reconocer la soberanía de su sobrino y se llegó a una situación de guerra civil que beneficiaba considerablemente a los cristianos. Al-Zagal llegó a un acuerdo con Isabel y Fernando, avanzando éstos sus posiciones y cercando a Boabdil. Tras dos años de continuas luchas y cercada la ciudad de Granada, Boabdil inició conversaciones con Gonzalo Fernández de Córdoba que acabaron con la rendición y la entrega de la ciudad el 2 de enero de 1492.

Boabdil recibía en compensación el señorío de la Alpujarra hacía el que marchó acompañado de su madre.


Según una extendida leyenda cuya veracidad no está casi nunca atestiguada por ninguna documentación, al salir de Granada camino de su exilio en las Alpujarras, cuando coronaba una colina, volvió la cabeza para ver su ciudad por última vez y lloró, escuchando de su madre la sultana Aixa "no llores como mujer lo que no supiste defender como hombre". Debido a esto esa colina recibe el nombre del Suspiro del moro.

Tras una breve estancia en el feudo de la Alpujarra, el depuesto rey decidió abandonar la península para trasladarse a Marruecos, posiblemente debido a múltiples remordimientos.

En el país norteafricano falleció en 1527.

















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